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Cómo mantener una buena relación con los autores y cumplir plazos

No vamos a hablar de la edición con letras mayúsculas, sino de la que camina más pegada al texto, la edición técnica, asistencia a la edición o edición de mesa. Sirve de apoyo a la creación de contenido y se encarga de que la publicación tenga la calidad que se espera.

Hay grandes diferencias entre una y otra, pero destacamos dos con respecto a la relación con los autores: por un lado, quien asiste la edición no suele elegir las firmas y, por otro, los honorarios de autoría no están incluidos en su campo de negociación.

Sin embargo, es quien da las indicaciones, supervisa las entregas y comunica los cambios. Es decir, mantiene una comunicación bastante directa con la autora. Lo deseable es que sea lo más fluida posible. Por eso aconsejamos aplicar la regla de las tres emes:

  • Mostrar respeto. Debes tener mucho tacto a la hora de proponer un cambio y escuchar con atención las objeciones.
  • Moderar las reacciones. Hay autores muy apegados a su texto, a los que le afecta personalmente cualquier cambio no deseado. Su respuesta puede ser demasiado vehemente. Trata de guardar tu carácter y mantén la distancia sin implicarte demasiado.
  • Medir las consecuencias. Evalúa la situación: ¿qué relevancia tiene la apreciación? ¿con qué intensidad se ha negado el autor? Busca un equilibrio que no resulte demasiado incómodo para ninguno.
  • Llegar a los plazos

    Elaborar un texto es una tarea poco sistemática; como cualquier actividad creativa, a veces se resiste. Sin embargo, se puede organizar. Hay autoras que llevan muchos años escribiendo sobre temas similares y ya cuentan con una rutina que pueden llevar a la práctica. Con ellas no suele haber problemas en las fechas.

    Las dificultades vienen cuando un autor no lo era antes (p. ej., alguien que escribe sobre su profesión), cuando cambia de género o de temática (p. ej., alguien que pasa de escribir un blog a una novela o una monografía) o cuando es tremendamente caótico. Cumplir con el plazo va a resultarle difícil.

    En cualquier caso, estimaremos el tiempo y daremos siempre que sea posible un calendario que debe aceptar.

    Si no lo cumple y has llegado a una situación crítica, la primera reacción suele ser presionar. Antes de hacerlo, tantea si realmente va a ser efectivo. No solo porque deteriora la relación, sino porque el texto resultante será peor. Si el texto es peor, las tareas posteriores se resentirán, se aumentará la cantidad de trabajo y los plazos volverán a desmadrarse. Y el resultado final será peor también.

    Otra salida muy habitual es intervenir en el propio texto. Observa el estilo del autor, su manera de proceder y hazle una propuesta (ten presente siempre la regla de las tres emes). En caso de que no lo veas muy claro, puedes hacer una propuesta muy en la línea de la editorial.

    Si crees que lo has intentado todo para que las entregas lleguen a tiempo y te encuentras sin más recursos, te proponemos tres alternativas. Ten en cuenta que exceden las competencias de la edición de mesa. Por lo general, tendrás que proponer, consultar o transmitir la forma de proceder con la editorial:

  • Fragmentar la entrega. Que se dedique a lo que menos trabajo le cueste y que deje en barbecho la parte en la que se estanca. Se restan tiempos del trabajo más fluido para asignárselos al que ha quedado enquistado, que se llevará a cabo en último lugar para que podamos ir adelantando el resto en las fases de producción e ilustración o cartografía.
  • Reorganizar la publicación. Se pueden reasignar tiempos a tareas posteriores o incluso eliminar partes (del texto o del proceso de edición). Esta decisión pone en peligro el equilibrio, pero conviene plantearla cuando ya no queda más remedio.
  • Contar con una colaboración. Si a un solo autor le resulta imposible hacer frente a toda la publicación, puedes proponer que se trabaje con la colaboración de otra autora. Deberás coordinar esta relación para que la publicación sea homogénea.
  • La edición técnica tiene mucho de funambulismo; puedes tropezar justo antes de llegar al otro extremo y no importa el esfuerzo que te haya costado realizar el trayecto. Una buena relación con la autora puede convertirse en la vara de equilibro.