Preparación de originales

Cómo preparar un texto para maquetar

Nunca se debe enviar a maquetación un texto tal como nos lo entrega el autor. Aunque contemos con muy poco tiempo, debemos revisarlo y prepararlo antes, si no perderemos mucho más tiempo.

Un caso que sucede con frecuencia: se alude en el texto a una tabla, una imagen o un gráfico que no se ha aportado. Si lo vemos antes de que se maquete, podemos avisar de que faltará. Se tendrá en cuenta el hueco y, además, podremos ir pidiendo el material que falte. Sin embargo, si se maqueta tal cual, nos daremos cuenta más tarde del error, quedará menos tiempo para solicitar el material y habrá que recomponer la maqueta.

Jerarquía muy clara de apartados y ladillos

Hay quien comienza a escribir con mucho cuidado y buenos propósitos. Da una estructura coherente al texto y destaca la importancia de cada apartado. Sin embargo, cuando lleva unas cuantas páginas, se centra en el contenido y se olvida de la forma.

Por ejemplo, los títulos de determinada importancia los estaba destacando con cursiva. Unos cuantos párrafos más adelante no recuerda que había introducido esta jerarquía y marca con subrayado el título de un apartado con el mismo nivel de importancia.

Debes revisar la estructura y corregir este tipo de errores, que seguramente se deduzcan por contexto. El objetivo es que lo hagas de manera homogénea con un código sencillo de estilos.

La importancia de la extensión del texto

Es necesario examinar al principio la extensión del texto y hacer una previsión de lo que ocupará en maqueta, tanto si están cerrados los pliegos como si no.

En muchas ocasiones tendrás el texto antes que el diseño de la maqueta y en otras tantas te tocará adecuar el texto al diseño de la maqueta. En este último caso, las normas de presentación serán de gran utilidad.

Sin embargo, estas normas no son infalibles. Con frecuencia los textos no se ajustan bien. Si confiamos en que los autores las aplicarán y no revisamos el material antes, cuando lo recibamos maquetado puede que venga parte en sobrante o, todo lo contrario, con huecos que rellenar.

Es preferible que revises la extensión antes de que llegue este punto y tomes la decisión que creas conveniente: desde eliminar partes hasta pedir a la autora que complete un apartado. Todo ello antes de enviar a maquetación.

En este punto conviene recordar que los autores deben dar el visto bueno al texto una vez se maquete. Si hay cambios sustanciales, deben estar informados.

Dinamizar con recuadros, secciones y ladillos

Si el apartado o la publicación en general es demasiado plana, se pueden añadir algunos elementos que rompan la monotonía, como un ladillo o destacado, una sección tipo "Recuerda", "Amplía", un resumen de los puntos más importantes, una introducción a cada tema, una portadilla delante de cada parte, material gráfico de apoyo… La posibilidades son múltiples y dependen mucho del tipo de edición.

Repaso de figuras y referencias cruzadas

Tal como ilustra el ejemplo que hemos puesto al principio, es muy importante revisar el material gráfico que se aporta. Si se menciona en el texto, debes cotejar que se corresponda en orden y contenido con las imágenes que tienes.

Hay que evaluar si las ilustraciones, los gráficos y las tablas son realizables. En cuanto a estas últimas, no está de más que les des un repaso para ver si están mal formadas, algo que sucede con frecuencia, o si, por ejemplo, conviene cambiar los encabezados de las filas y columnas para adaptarlos a un formato vertical u horizontal, según convenga.

Al mismo tiempo, puedes revisar que cada elemento gráfico concuerda con el pie que le corresponde. Además, es el momento de solicitar todo el material pendiente.

La bibliografía, siempre en el original

Lo más indicado es corregir el original antes de maquetar; sin embargo, muchas veces se corrige después. El corrector señala los cambios en pdf o en papel y la maquetadora los pasa a la maqueta.

En el caso de una bibliografía este salto en el flujo de trabajo es especialmente negativo. Ya solo la unificación de criterios puede suponer un montón de pequeños cambios que hacen muy tediosa la labor de quien tiene que marcarlo, y todavía más la de quien incluya las correcciones. El resultado es nefasto. Con frecuencia hay que volver a corregir este apartado.

Si corrige la misma persona que introduce las correcciones en maqueta, se resuelve este problema; sin embargo, aún queda otro por salvar. Las citas bibliográficas en el texto deben guardar la misma forma de referenciar entre distintos capítulos o artículos, pero a veces intervienen varios autores que aplican distintas formas de citar.

Por ejemplo, una autora emplea el estilo Vancouver para citar la bibliografía, es decir, en el texto coloca una llamada numérica que se corresponde con una referencia en la bibliografía que lleva el mismo número. Pongamos que nosotros empleamos el estilo Harvard, esto es, en el texto se indica el autor y el año entre paréntesis. La referencia se localiza en la bibliografía porque las referencias van ordenadas alfabéticamente por el nombre del autor. A la hora de unificar, por un lado, habrá que sustituir los números por un paréntesis que va a contener al menos dos elementos, lo que desajustará la maqueta. Por otro lado, en la bibliografía hay que recolocar todas las referencias por orden alfabético, lo que supone un desajuste aún mayor.

Marcado semántico para digital

Hoy en día todavía no es habitual que alguien solicite editoras que sepan marcado semántico, aunque todas deberíamos tener nociones. Las ediciones universitarias están siendo la avanzadilla del sector. Tienen muy en cuenta que los textos se puedan indexar por los buscadores de bibliotecas y repositorios de artículos académicos.

Hay formas de indicar a un robot que un fragmento de texto es el abstract o resumen, las palabras clave, el nombre de los autores, su filiación, el ISBN, la temática, una imagen, el texto que describe la imagen… Todo este marcado redunda en beneficio de las búsquedas y del tratamiento del contenido. Las ventajas son incalculables.

A la hora de preparar el texto, lo ideal es que los editores de mesa conozcan las etiquetas semánticas, que establezcan los criterios para etiquetar el contenido en la fase de preparación del texto y que cotejen que todo está definido correctamente después de que pase por composición. También podría cotejarlo una correctora con conocimientos del lenguaje semántico.

Lo que nos dejamos por contar

Hemos indicado algunos de los aspectos más importantes a la hora de preparar un texto, pero nos dejamos mucho por contar. En cada editorial se sigue un procedimiento y depende también del texto que se edita.

No decimos nada del editing propio de una novela o un ensayo, por ejemplo. Esta preparación del original incide mucho más en el contenido que en la forma.

Por otro lado, hay una gran variedad de formas de editar y de flujos editoriales. Concuerdan en muchos puntos, pero también hay grandes diferencias. Preferimos considerar que este hecho enriquece la profesión, en lugar de lamentarnos por la falta de coherencia y acuerdo.