Normas de presentación
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Antes de empezar: las normas de presentación de originales

Elaborar unas normas de presentación de originales para autores lleva su tiempo, pero ahorra tantos pasos después que merece la pena detenerse un rato.

Un ejemplo clásico: la autora que entrega un buen texto que se pasa de extensión. Cuando lo mandamos maquetar, nos devuelven la mitad del contenido en sobrante y nos toca recortar. Perdemos tiempo recortando, pierde tiempo la autora cuando detecta el cambio, perdemos tiempo justificándoselo, pierden tiempo en maquetación ajustándolo de nuevo y perdemos tiempo volviendo a cotejar la maqueta para ver cómo ha quedado.

Las normas son normas y siempre incomodan. Hay que actuar con astucia:

  • No debes recargarlas para no aburrir.
  • Resume todo lo que tengas que decir en dos páginas, no más de 1.000 palabras. Hay publicaciones para las que una sola página es suficiente.
  • Emplea tu capacidad de editar para estructurar los párrafos y jerarquizar el contenido. Ayúdate de cursivas, negritas y variación de tipografías si lo consideras preciso.
  • Pon ejemplos, se asimilan mejor que una parrafada.
  • Importante para la editorial

    Los criterios editoriales dependen de la cantidad de obras que se publican y de lo definidas que estén las líneas de la editorial, pero hay indicaciones muy generales que conviene detectar cuanto antes y tenerlas muy presentes.

    Por ejemplo, en textos médicos es frecuente emplear el nombre del principio activo y no el del medicamento. En textos educativos hay que prestar especial atención para no cometer discriminaciones sexistas, racistas o que supongan un agravio para colectivos con discapacidad. Hay textos divulgativos que requieren un lenguaje muy cercano y una redacción muy sencilla. En las editoriales que trabajan con contenidos muy visuales, hay principios estéticos que no deben pasarse por alto.

    Si trabajas para una editorial y nadie te ha contado este tipo de detalles, pregúntalos cuanto antes porque saldrán a relucir cuando el trabajo esté casi terminado, incluso después de publicado.

    Quien lleva trabajando muchos años al servicio de una editorial, no cae en advertirlo porque lo tiene tan asimilado que le parece inaudito que no se tenga en cuenta. Sin embargo, es preferible enunciarlo, aun a riesgo de insultar la inteligencia.

    Este tipo de consideraciones se transmitirán en las normas de una manera muy clara.

    Adaptar el texto a la publicación

    Si hay que adaptarse a una maqueta ya establecida, se debe estudiar al detalle. La medida más recomendable para indicar la extensión del texto es determinar el número de palabras.

    Estas son algunas preguntas que te pueden ayudar a elaborar las normas de presentación de originales

  • ¿Qué esquema o estructura siguen los capítulos o secciones de la publicación?
  • ¿Qué extensión deben tener los títulos de epígrafes y ladillos?
  • ¿Qué extensión tendrán las secciones especiales o de apoyo? Nos referimos a los "Abstarct", Recuerda", "Para saber más", entre otras.
  • ¿Qué cantidad de secciones de este tipo deben incluirse? Indicar un mínimo y un máximo.
  • ¿Con cuántas imágenes o gráficos se puede apoyar el texto? De nuevo, indicar un mínimo y un máximo.
  • ¿Qué origen tienen las imágenes?
  • Si se va a incluir bibliografía, es fundamental incorporar los criterios de unificación y acompañarlos con ejemplos. Contemos con que no los seguirán al dedillo, pero podemos felicitarnos si hacen caso al cincuenta por ciento de lo que indiquemos.

    La clave para elaborar unas buenas normas de presentación es hacer un análisis exhaustivo de la publicación y tener muy claros los criterios de unificación.